La abrupta salida del ministro de Hacienda de Colombia, Germán Ávila, de la Junta Directiva del Banco de la República ha generado una fractura institucional sin precedentes. Este distanciamiento, originado por el reciente incremento en la tasa de interés de política monetaria, ha encendido las alarmas entre los líderes empresariales, quienes manifiestan una profunda preocupación por el impacto que este conflicto pueda tener en la estabilidad económica y el orden democrático del país.
El detonante de la crisis fue la decisión del emisor de elevar el costo del dinero, una medida que el ministro rechazó de forma tajante antes de abandonar la reunión. Para los sectores productivos, la falta de una coordinación fluida entre el Gobierno y la banca central pone en riesgo la confianza de los mercados internacionales y la solidez de las instituciones nacionales.
Un alza de tasas que fracturó el diálogo
El pasado 31 de marzo de 2026, la Junta Directiva del Banco de la República resolvió, mediante una votación mayoritaria, endurecer las condiciones monetarias del país. El ajuste consistió en un incremento de 100 puntos básicos en la tasa de referencia, situándola oficialmente en un 11,25%. Ante este escenario, Germán Ávila calificó la medida como “desproporcionada” y aseguró que afectaría la recuperación económica.
El funcionario sostuvo que esta determinación parece responder a intereses específicos del sector financiero en lugar de ajustarse a la realidad económica nacional. En consecuencia, anunció que el Poder Ejecutivo mantendrá una distancia marcada frente a la autoridad monetaria hasta que se observen políticas más alineadas con el contexto del país.
En contraparte, el gerente general del Banco de la República, Leonardo Villar, defendió la autonomía constitucional de la institución. Villar aclaró que cada decisión de la Junta se sustenta en análisis técnicos rigurosos con el objetivo de proteger el poder adquisitivo de los ciudadanos. Asimismo, subrayó que la misión primordial del banco es combatir las presiones inflacionarias, manteniéndose al margen de intereses personales o presiones políticas.
Duras críticas desde los gremios empresariales
La ruptura del diálogo técnico es vista como una señal de inestabilidad por parte de los gremios. Camilo Sánchez, quien preside la Asociación Nacional de Empresas de Servicios Públicos y Comunicaciones (Andesco), calificó la situación de extrema gravedad.
“esto es gravísimo porque se necesita coordinación permanente entre el Gobierno nacional, cuyo vocero es el ministro de Hacienda, para que defienda sus propuestas en lo referente a la política monetaria del país”

Sánchez expresó su alarma ante la posibilidad de que el ministro intente anteponer su posición jerárquica sobre los marcos legales y constitucionales. El dirigente empresarial sugirió que la falta de argumentos técnicos sólidos para convencer a los demás miembros de la junta no justifica el abandono de las obligaciones legales del cargo.
“comete el error de no solo poner en riesgo nuestra economía, sino también la democracia al desconocer sus obligaciones. En nuestro país no tenemos soberanos ni dictadores. Aquí tenemos un régimen presidencial que está obligado a cumplir la ley y la Constitución”
Desde Andesco se hizo un llamado urgente para que el Gobierno reconsidere su actitud y retome el trabajo técnico conjunto. Sánchez enfatizó que el incremento de la tasa al 11,25% no es un ataque político, sino una respuesta necesaria para frenar la inflación. Atribuyó el alza de precios a factores como el incremento del salario mínimo, la reforma tributaria y otros ajustes en la política fiscal del Estado.

Defensa de la credibilidad económica
El sector del comercio también manifestó su rechazo a la confrontación. Jaime Cabal, presidente de la Federación Nacional de Comerciantes Empresarios (Fenalco), señaló que es imperativo respetar la institucionalidad del banco central en su mandato de proteger la economía de los hogares colombianos.
Cabal vinculó directamente la persistente inflación con las decisiones salariales tomadas por el Ejecutivo. Según el líder gremial, el aumento del salario mínimo se realizó de manera irresponsable al no seguir parámetros técnicos. Para finalizar, Cabal fue contundente respecto a la posición de su sector:
“la credibilidad de nuestro sistema económico no puede ser sacrificada para ocultar errores de gestión”
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