Guayaquil desbordó fervor y esperanza en la edición 66 del Cristo del Consuelo

Cuando aún no amanecía, los fieles ya elevaban sus plegarias en el santuario del Cristo del Consuelo a escasas horas del inicio de la multitudinaria procesión de este Viernes Santo.

Con rosarios entre sus manos e imágenes no solo del Jesús crucificado, acudieron los feligreses para orar y buscar un buen lugar en el arranque del recorrido de 2,5 kilómetros previsto en calles del suroeste.

Dentro del santuario había quienes pernoctaron desde el día anterior como penitencia o para pedir de manera ferviente por su familia y por la salud en general.

Marien Corozo cumplió este año su primera vigilia junto a su hija de cinco años. Su promesa fue realizar este acto y, en este 2026, fortalecer su fe.

Al final, el cardenal Luis Cabrera realizó una reflexión.
Inicio de la multitudinaria procesión
A las 07:00, los miembros de la Unidad de Mantenimiento del Orden (UMO) de la Policía Nacional empezaron a formar para ubicarse alrededor de la imagen del Cristo que ya estaba sobre una plataforma, rodeada de rosas blancas y moradas.

Una soga rodeó el perímetro en el que se ubicaron el cardenal Luis Cabrera y el párroco Reinel Garzón. Los militares se desplegaron dentro y fuera del santuario para controlar a los fieles que buscaban de alguna manera acercarse a la imagen protagonista de la procesión.

Pasadas las 07:00, el cardenal Cabrera resaltó que todos “somos invitados a meditar y asumir el camino de la cruz no únicamente como signo de dolor, sino como lugar desde donde Dios realiza la reconciliación”.

Resaltó que el viacrucis “es una actualización del misterio pascual en nuestra vida y nos abre al camino del perdón, de la misericordia y el perdón”.

 

Tras entonarse las notas del Himno Nacional, a paso lento salió la procesión a las 07:20. En los exteriores del santuario, ubicado en Lizardo García, ciudadanos esperaban detrás de vallas metálicas. Los cánticos se escuchaban en altos parlantes mientras la gente gritaba: ‘¡Viva el Cristo del Consuelo!’.

El recorrido de la fe y la devoción
En medio de un fuerte contingente policial y militar, la imagen salió del templo. Los fieles lanzaron pétalos de rosas y, poco después de girar hacia la calle A, empezaron a unirse a la larga caminata. Entre los asistentes se observó desde bebés hasta adultos mayores. En sus manos llevaban velas o pequeños cirios y también esculturas religiosas. Algunos recorrieron varias cuadras descalzos, con imágenes levantadas sobre su cabeza o colgadas en su cuello.

“La vida es mejor con Dios en nuestro corazón”, dijo Guillermo Rodríguez, quien acudió junto a su hermano. Ambos llevan más de 50 años asistiendo a esta procesión que los llena de júbilo y esperanza todos los años. Por momentos, la procesión se tensionó por la cantidad de asistentes que buscaban acercarse a la imagen.

Esta mañana se realizó la edición 66 de la procesión del Cristo del Consuelo. Foto: API
Al ingreso del puente de la A, bomberos y miembros de instituciones de primera respuesta atendieron a ciertos asistentes que tuvieron golpes de calor.

A lo largo de esa estructura se visualizó el mar de gente que, con su fe intacta, avanzaba hacia la calle Francisco Segura para continuar su recorrido.

“Siempre estaremos con Dios en nuestro corazón, con esa fe de que siempre habrá días mejores”, manifestó Moraima Saavedra, quien viajó desde Daule hasta el suroeste para asistir por décimo año a la procesión. El sol intenso generaba un brillo particular en el gigante monumento del Cristo del Consuelo, que lucía copado de miles de fieles católicos que llegaron en la procesión 66.

Desde la madrugada se congregaron fieles para la procesión. Foto: API
Llegada al monumento y misa final
En medio de ese escenario, a las 09:00, luego de una hora y cuarenta minutos de recorrido, la carroza con la imagen de la advocación arribó a la explanada del Cristo del Consuelo. El cielo nublado del amanecer cambió por ese intenso sol. Los rayos ultravioleta no frenaban los aplausos de los fieles católicos para dar la bienvenida a la imagen.

La imagen de Cristo, decorada con un marco de rosa y amarillo, fue colocada al pie de una mesa de directivos instalada bajo el monumento. Allí, además, se instaló otra imagen de la Virgen Dolorosa. Entre los miles de congregados estuvo Miguel Quiroga, de 69 años, quien lleva 25 años participando en la procesión. Él se puso de rodillas y tomó varias fotografías del monumento para enviárselas a dos hijos y dos hermanas que viven en el exterior.

Él pidió que los políticos sean sabios en mejorar las condiciones de seguridad del país y el empleo. De manera particular, agradeció por estar con vida a pesar de haber pasado algunos robos en años anteriores. “Sé que el Cristo es el único que pondrá mano dura, que le va a tocar los corazones a los políticos… Hay que pedirle, Señor, para que cambie el país, mucha gente (del pueblo) está dañada”, auguró y agregó que en los próximos comicios debe haber reflexión del pueblo.

Tras el arribo de la imagen, una misa fue compartida por el cardenal Cabrera y otros religiosos. En la mesa directiva también estuvo la prefecta de Guayas, Marcela Aguiñaga.

El mensaje de paz y reconciliación
En su mensaje del Evangelio del día, monseñor Cabrera dijo que cada corazón queda marcado por dos palabras que resumen lo vivido: la paz y la reconciliación. “Cristo es nuestra paz, es el mensaje que muchos de ustedes, los voluntarios, llevan en su camiseta”, dijo. Para tener esa paz en las actividades diarias, Cabrera apuntó que debe primar la reconciliación. “El apóstol Pablo ya en otra ocasión nos decía: ‘déjense reconciliar por Dios’. Dios no se impone, Dios nos busca, nos llama, nos espera para que estemos unidos”, remarcó el religioso.

En ese sentido, en base a lo dicho por Pablo, explicó que Dios en la cruz derribó aquel muro que separaba a los pueblos: el odio en todas sus formas. “Reconciliarnos con Dios, reconciliarnos con nosotros mismos, reconciliarnos con los hermanos y también con la naturaleza. He aquí, hermanos, la gran tarea, la gran misión que el Señor nos vuelve a confiar. La paz y la reconciliación son inseparables”, explicó en su mensaje.

En ocasiones, Cabrera comentó que hay distanciamiento de Dios por imaginarse que es indiferente o castigador, pero ese no existe. Al contrario, Él ama, perdona y “que hace fiesta cuando un hijo regresa a casa”, reflexionó.

Ante el Cristo crucificado, Cabrera reflexionó que Dios abre sus brazos para reconciliarnos y no condenarnos. “También estamos llamados a reconciliarnos con nosotros mismos; muchas veces, hermanos, cargamos culpas, cargamos heridas, desprecios hacia nosotros mismos; la palabra nos recuerda que Dios nos creó a su imagen y semejanza, que nuestra dignidad no depende de ninguna circunstancia…”, explicó.

fuente el universo

 

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