Al finalizar lo que representa el segundo desplazamiento internacional de su mandato y el primer viaje oficial de un Sumo Pontífice al Principado, el Papa León XIV manifestó un sincero agradecimiento hacia la familia real, las autoridades gubernamentales y toda la ciudadanía de Mónaco. Antes de emprender el retorno, el Obispo de Roma remitió un telegrama al príncipe Alberto II, en el cual resaltó la “cálida bienvenida y la generosa hospitalidad” recibida durante su estadía. Asimismo, el León XIV extendió una bendición especial para los monegascos, haciendo votos por la paz y la entereza de todos sus habitantes.
La logística del viaje indica que el helicóptero que movilizó al Santo Padre partió desde el helipuerto del Principado a las 17:30, aterrizando nuevamente en el Vaticano cerca de las 19:30. Esta intensa agenda de más de ocho horas contempló actos protocolarios, encuentros con la sociedad civil y diálogos con los sectores jóvenes. La jornada del Pontífice comenzó temprano en la Ciudad del Vaticano, de donde salió a las 7:05 en automóvil hacia el helipuerto para despegar con rumbo a Mónaco a las 7:22. Durante el vuelo, el Papa cumplió con la tradición de enviar un mensaje al presidente de Francia, Emmanuel Macron, a quien transmitió saludos cordiales y promesas de oración por el bienestar y la prosperidad de la nación francesa.
Recibimiento real y mensajes desde el Palacio
Tras su arribo al territorio monegasco, León XIV fue acogido con honores oficiales por el Príncipe Alberto II y la Princesa Charlène. El programa incluyó una visita de cortesía a las instalaciones del Palacio del Príncipe, seguida de un saludo público desde el balcón principal. Ante una multitud de ciudadanos congregados para ser testigos de este hito histórico, el Papa compartió una reflexión profunda sobre la coyuntura global. Durante su alocución, advirtió firmemente que
“la ostentación de la fuerza y la lógica de la prevaricación perjudican al mundo y amenazan la paz”
. En este espacio, destacó la relevancia de la herencia de los sectores más vulnerables o “pequeños” y abogó por que la riqueza sea utilizada como una herramienta al servicio del derecho y la equidad.
El itinerario religioso y social del Papa León XIV estuvo marcado por tres momentos clave:
- Un encuentro matutino con la comunidad católica en la catedral de la Inmaculada Concepción.
- Una reunión con jóvenes y catecúmenos en los alrededores de la emblemática iglesia de Santa Devota.
- La celebración de una Santa Misa multitudinaria en el Estadio Louis II, llevada a cabo a las 15:30.
Un llamado a la juventud en la era digital
En su diálogo con las nuevas generaciones, el Pontífice enfatizó la necesidad de encontrar “momentos de silencio y de escucha” como antídoto al bombardeo constante de información digital y la naturaleza compulsiva de las redes sociales. León XIV fue enfático al señalar que el vacío del alma no se solventa a través de “cosas materiales y pasajeras” ni mediante la búsqueda de validación externa a través de los “me gusta” en plataformas virtuales. Tampoco, advirtió, mediante vínculos que puedan tornarse violentos o restrictivos. En su lugar, el Santo Padre instó a los jóvenes a buscar bases sólidas para su existencia, afirmando contundentemente que
“lo que da solidez a la vida es el amor”
.
Antes de su despedida definitiva, el Papa mantuvo un último intercambio con el Príncipe Alberto II y la Princesa Charlène en el helipuerto local. Tras saludar a la delegación monegasca y a la Guardia de Honor, el Sumo Pontífice abordó la aeronave de regreso. Ya en vuelo, a través de un nuevo mensaje telegráfico, reiteró su gratitud por las atenciones recibidas y reafirmó sus plegarias por la fortaleza y la armonía de toda la comunidad del Principado.
Esta visita histórica de León XIV a Mónaco deja un precedente significativo en las relaciones diplomáticas y religiosas entre el Vaticano y el pequeño Estado. A lo largo del día, el Papa insistió en la importancia de los valores espirituales y la urgencia de un compromiso social basado en el respeto mutuo, la justicia y la fraternidad humana, consolidando este viaje como un punto de inflexión en la historia contemporánea de la región.
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