Irán endurece control en Ormuz: cuatro buques salen por ruta costera

La vigilancia de la navegación en el Estrecho de Ormuz se ha tornado una labor de alta complejidad debido al empleo de tecnologías de interferencia electrónica. Estas herramientas, sumadas a las directrices de las autoridades de Irán para que las tripulaciones de los cargueros desactiven sus dispositivos de ubicación mundial, dificultan el rastreo de las embarcaciones en tiempo real. En este escenario, al menos cuatro buques de carga consiguieron completar su tránsito fuera de la zona marítima siguiendo una trayectoria específica definida por el gobierno iraní.

Entre las naves que lograron salir del estrecho, se identificó que dos transportan gas licuado de petróleo con destino a la India, mientras que el resto tiene como objetivos puertos en Pakistán e India. La trayectoria seguida por estos cargueros se localiza en el sector sur, específicamente a través de las aguas que rodean las islas de Larak y Qeshm, ubicadas frente a la costa meridional iraní. Este movimiento ocurre en medio de una paralización parcial de las actividades marítimas en la región, provocada por el bloqueo que Teherán mantiene en el marco de las tensiones con Estados Unidos e Israel.

Nuevos peajes y autorizaciones en estudio

El Parlamento de Irán avanza actualmente en la redacción de una normativa que podría transformar radicalmente el tránsito por esta vía estratégica. La propuesta legislativa contempla la creación de una tarifa aduanera obligatoria aplicable exclusivamente a embarcaciones extranjeras que busquen navegar por el Estrecho de Ormuz. Sumado al pago, el proyecto estipula que cada buque requerirá de una autorización expresa de las entidades iraníes para transitar. Esta iniciativa legal ha sembrado incertidumbre entre las compañías navieras globales, que temen un incremento en los costos operativos y mayores demoras en un corredor vital para el suministro energético y de mercancías.

Ante la falta de definición sobre el alcance de estos nuevos gravámenes parlamentarios, diversos países han optado por la vía diplomática para proteger sus intereses comerciales. Se conoce que naciones como Tailandia y Malasia ya han iniciado rondas de negociaciones directas con Teherán, buscando asegurar permisos de tránsito que garanticen la fluidez de sus operaciones bajo el nuevo esquema de vigilancia iraní.

Mientras las restricciones se endurecen para el tráfico internacional, la flota con bandera de Irán opera en la zona sin impedimentos detectados. Durante el presente mes, los petroleros de dicha nacionalidad han mantenido un flujo constante, movilizando un volumen estimado de 1,6 millones de barriles de crudo al día. Las estadísticas de tránsito confirman que, el pasado sábado, solo se registró el cruce de un petrolero y un carguero de origen iraní, sin que se reportara el ingreso de embarcaciones de otros países durante ese mismo lapso de tiempo.

La capacidad de los organismos internacionales para monitorear el tráfico se ve mermada por la interferencia intencionada de los sistemas iraníes sobre el equipamiento electrónico de los cargueros. A esto se suma la instrucción de desactivar los transpondedores —dispositivos esenciales para la transmisión de posición en tiempo real—, lo que limita severamente la visibilidad de las empresas privadas de seguimiento marítimo y los entes reguladores sobre lo que ocurre dentro de esta arteria comercial.

El Estrecho de Ormuz constituye un punto neurálgico para el intercambio de hidrocarburos y bienes entre Oriente Medio, Asia y el resto de los mercados mundiales. La imposición de estas nuevas condiciones técnicas y legales por parte de Irán ha forzado a gobiernos y actores privados a evaluar mecanismos que aseguren la continuidad de sus rutas de suministro ante una posible reconfiguración del comercio marítimo internacional.

En la actualidad, la comunidad internacional se mantiene a la expectativa de la resolución final del Parlamento en Teherán. Las navieras y los estados cuyos intereses dependen de este paso evalúan el impacto potencial de los cambios normativos en la seguridad y fluidez del comercio global de energía y bienes, bajo la observación constante de la evolución de las restricciones vigentes en el estrecho.

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