El ministro de Asuntos Exteriores de Francia, Jean-Noel Barrot, desmintió categóricamente que su país haya cedido ante exigencias externas al definir los invitados para la cumbre del G7 que se llevará a cabo en Évian-les-Bains. Según el alto funcionario, la administración francesa resolvió convocar a Kenia como una medida estratégica para coordinar los preparativos del encuentro Africa Forward, que tendrá lugar el próximo mes de mayo.
Esta aclaración surge en medio de una creciente controversia diplomática después de que Sudáfrica quedara fuera del foro de líderes mundiales. Desde Pretoria, se ha sugerido que la decisión de París fue el resultado directo de influencias ejercidas por el Gobierno de Estados Unidos. No obstante, Barrot defendió que Francia mantiene un vínculo estrecho con la nación sudafricana y que el nuevo formato del G7 busca ser más compacto y estar focalizado en desafíos de carácter geoeconómico.
La postura de Sudáfrica y las presiones externas
Por el lado sudafricano, el vocero de la presidencia, Vincent Magwenya, manifestó que el Gobierno francés retiró la invitación inicialmente prevista para el mandatario Cyril Ramaphosa debido a la intervención de la administración de Donald Trump. Pese a este señalamiento, Magwenya puntualizó que su país respeta la determinación tomada por el Ejecutivo galo y comprende el escenario de presión, reiterando que Sudáfrica prefiere gestionar sus relaciones internacionales a través de un diálogo abierto y constructivo.
En una comparecencia ante los medios de comunicación en Vaux-de-Cernay, el ministro Barrot fue tajante al negar cualquier tipo de sumisión diplomática:
“No cedimos a ninguna presión y tomamos una decisión coherente con nuestra intención de celebrar un G7 más reducido, centrado en cuestiones geoeconómicas. Obviamente, mantenemos un contacto estrecho con Sudáfrica, que sigue siendo un socio clave de Francia en todos los asuntos globales importantes”.
Tensiones históricas entre Washington y Pretoria
El escenario de fondo incluye una relación compleja entre los Estados Unidos y las naciones del continente africano, especialmente con Sudáfrica. Las diferencias se han profundizado por posturas divergentes en temas de alta sensibilidad internacional, como el conflicto en la Franja de Gaza. Además, durante el periodo presidencial de Donald Trump, se aplicaron medidas económicas severas, destacando la imposición de aranceles del 30% a la mayoría de las exportaciones provenientes de Sudáfrica, lo que afectó significativamente la balanza comercial.
Incluso, el propio Trump emitió críticas públicas sobre las políticas internas de redistribución de tierras en el país africano, llegando a calificar la situación de los afrikáners como un “genocidio”. Estas declaraciones generaron un notable distanciamiento diplomático y marcaron la agenda bilateral entre ambas potencias.
El rol de Kenia y la diplomacia actual
Recientemente, el clima diplomático se volvió a tensar cuando Pretoria aceptó las credenciales del nuevo embajador estadounidense, Brent Bozell, pero procedió a convocarlo tras sus cuestionamientos a una resolución judicial local. Dicho fallo estableció que la canción ‘Kill the Boer’ no representa un discurso de odio, postura que fue criticada por el diplomático norteamericano.
En este contexto, la inclusión de Kenia en lugar de Sudáfrica se explica, según el gobierno francés, por la agenda compartida entre París y Nairobi para fortalecer la cooperación bilateral. Francia enfatiza que la selección de participantes para el G7 responde únicamente a un plan para limitar la cantidad de asistentes y priorizar los debates sobre la economía global, mientras que Sudáfrica insiste en que su prioridad es la resolución pacífica de cualquier disputa mediante conversaciones con los actores globales pertinentes.
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