El “pulmón” se agota: Mazar pierde cuatro metros en marzo mientras la demanda nacional no da tregua

El sistema eléctrico de Ecuador cada vez está más entre la espada y la pared, debido al aumento de la demanda de energía, las alertas del inicio del estiaje, la falta de generación, problemas de corrupción en la contratación de generadores, la ruptura energética con Colombia y la caída de la producción de la hidroeléctrica Coca Codo Sinclair, la más grande del país, con una capacidad instalada de 1.500 megavatios.

En los primeros resultados de estos problemas ya se registran cortes de luz en ciertos puntos del país y los “esfuerzos” del Gobierno para buscar más generación eléctrica, para no desperdiciar agua de los embalses y pidiendo ayuda al sector privado para que enciendan sus generadores. A eso, se suma una avalancha propagandística para detener las alertas de posibles apagones.

El país vive una paradoja. A las 19:30, 3l miércoles 25 de marzo de 2026, la demanda de electricidad alcanzó los 5.147 megavatios (MW), tal como lo reporta el Operador Nacional de Electricidad (Cenace). Es una cifra elevada tomando en cuenta que Ecuador tiene problemas para cubrir la totalidad de la demanda.

De hecho, para cubrir esa demanda, la capacidad de respuesta de los embalses del Austro -que son parte del Complejo Paute Integral de 2.300 megavatios y fundamentales para la estabilidad del sistema nacional- disminuye cada día debido a la falta de lluvias desde mediados de marzo y por la reducción de las operaciones en Coca Codo Sinclair.

Las cifras oficiales al cierre del 24 de marzo de 2026 revelan un panorama crítico en las cotas de los embalses del Complejo Paute Integral:

  • Mazar (de la hidroeléctrica del mismo nombre): El embalse que funciona como el “pulmón” del sistema eléctrico inició marzo en 2.152,76 metros sobre el nivel del mar (msnm), pero para el 24 de marzo descendió drásticamente a 2.148,02 msnm, perdiendo más de 4 metros en menos de un mes. Cabe resaltar que la cota máxima es de 2.153 msnm y aunque la cota presenta niveles altos, los expertos eléctricos ya emiten alertas sobre la rapidez de cómo baja el nivel. En época de apagones, esa cota llegó a 2.110 metros sobre el nivel del mar.
  • Amaluza (que alimenta de agua a la central Paute Molino, de 1.100 megavatios): Este embalse registró una cota de 1.983,15 msnm el 24 de marzo, una caída de más de 2 metros en este mes.
  • Sopladora: El nivel de este reservorio se ubicó en 1.317,04 msnm en la misma fecha. Su nivel máximo es de 1.318 metros.

Esta caída en los niveles del complejo Paute Integral, aunque parece mínima, obliga al país a depender de una generación térmica costosa y de la intermitente hidroeléctrica Coca Codo Sinclair, la cual bajó su producción debido a la presencia de arena y piedras en el agua, la cual es turbinada para crear energía.

Coca Codo Sinclair: Una “joya” asfixiada por sedimentos

La mayor hidroeléctrica del país, Coca Codo Sinclair, atraviesa su momento más crítico. Aunque posee una capacidad instalada de 1.500 MW, la falta de agua y la alta concentración de sedimentos en el río Coca han desplomado su producción. El caudal promedio de la central, que suele superar los 200 m³/s, cayó a apenas 132,33 m³/s el 23 de marzo.

Esta situación ha reducido el aporte de Coca Codo a un escaso 25% de la energía hidroeléctrica nacional (al 25 de marzo). De hecho, reportes del Cenace muestran que centrales como Mazar y Sopladora deben realizar esfuerzos extraordinarios para intentar cubrir el vacío que deja la principal planta del país durante los picos de demanda nocturna.

El plan de 1.659 MW y los “motores chatarra”

Para cubrir un déficit de 1.000 MW de potencia, la ministra de Energía, Inés Manzano, anunció un plan para incorporar 1.659 MW durante 2026. No obstante, el 42% de esa cifra corresponde simplemente a la recuperación de unidades que estaban en mantenimiento, como la Unidad 5 de Coca Codo Sinclair o la Unidad 2 de Sopladora.

El mayor cuestionamiento recae sobre el proyecto Esmeraldas III. El Gobierno anunció la entrada de apenas 30 MW de un contrato con la empresa Austral Technical Management (ATM) que originalmente debía entregar 91 MW en enero de 2025. El Estado ya pagó USD 71,4 millones (el 80% del contrato) por lo que expertos describen como un “cementerio de generadores oxidados”.

Las irregularidades son graves: Austral entregó motores usados que ya acumulaban 2.000 horas de operación y, lo más crítico, 30 de los 48 generadores están calibrados a 50 hercios, una frecuencia incompatible con los 60 hercios que utiliza la red ecuatoriana. Además, ante la falta de un tanque de combustible terminado, Celec debe movilizar tanqueros cada una o dos horas para mantener encendidos los pocos motores operativos.

Barcazas y autogeneración privada

Sin el suministro de energía de Colombia, suspendido desde enero de 2026, el Gobierno acelera la contratación de barcazas. Elecaustro ya adjudicó por USD 131 millones la operación de la barcaza Murat Bey por dos años adicionales. Sin embargo, el proceso para la barcaza Ecuagran II (USD 155 millones) se declaró desierto inicialmente por irregularidades técnicas de la empresa contratista y ha tenido que ser relanzado con urgencia.

Como última línea de defensa, el Estado pidió a las empresas privadas encender sus propios generadores. Actualmente, el sector privado autogenera unos 170 MW diarios, pero a un costo altísimo. Generar con diésel o fuel oil cuesta hasta USD 0,40 por kWh, cuatro veces más de lo que costaba importar energía colombiana.

Apagones reales frente a negativas oficiales

A pesar de que el Gobierno insiste en que no hay una crisis de apagones, la realidad en las calles es distinta. Usuarios en Guayaquil, Quito, Durán y Manta reportan cortes intermitentes. Informes internos del Cenace confirman que entre el 18 y 19 de marzo, por ejemplo, se realizaron desconexiones de carga de hasta 44 MW para evitar un colapso total de la red ante la falta de potencia.

Mientras las autoridades atribuyen los cortes a “eventos adversos por lluvias” o a operativos de seguridad, los datos técnicos de los embalses y caudales confirman que Ecuador camina por el filo de apagones más profundos.

La dependencia de soluciones temporales, como barcazas y motores incompatibles, mantiene al país en una vulnerabilidad extrema que solo las lluvias en la cuenca oriental podrían aliviar verdaderamente.

 

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