El mandatario estadounidense, Donald Trump, sostiene que mantiene conversaciones con las autoridades de Irán para detener la ofensiva aérea, una versión que el gobierno iraní ha desmentido categóricamente. No obstante, la administración norteamericana está estructurando un plan de contingencia ante la posibilidad de que no se logre una salida diplomática a las tensiones. Actualmente, dos unidades anfibias de la Infantería de Marina de Estados Unidos se movilizan hacia el Golfo Pérsico: una proviene de Japón y la otra de California.
A este despliegue se sumaría próximamente una división de infantería de élite experta en incursiones paracaidistas. Estas maniobras sugieren que la presidencia de los Estados Unidos está evaluando seriamente el uso del poder militar para liberar el Estrecho de Ormuz, una misión que los analistas califican como un desafío de magnitudes titánicas.
El impacto económico de la Operación Furia Épica
Desde que inició la Operación Furia Épica, el régimen iraní ha mantenido bajo amenaza esta vía marítima, por donde transita aproximadamente el 20% de las exportaciones globales de petróleo y gas, además de otros suministros críticos. Hasta la fecha, se contabilizan 19 embarcaciones comerciales que han sido blanco de ataques tanto en el Golfo Pérsico como en las cercanías del estrecho. Como consecuencia, el tráfico de barcos vinculados a la región se ha desplomado, generando inestabilidad en los mercados de materias primas y en los indicadores financieros internacionales.
La hoja de ruta del Pentágono
Para recuperar el control de la zona, el Pentágono ha diseñado una estrategia dividida en tres etapas fundamentales:
- Fase 1: Identificación y neutralización de activos militares iraníes, tales como lanchas de ataque rápido, sistemas de misiles, drones y campos de minas.
- Fase 2: Labores de desminado profundo en las aguas del estrecho para garantizar la seguridad de la navegación.
- Fase 3: Implementación de escoltas militares por parte de la Armada de EE.UU. para proteger a los buques petroleros en su tránsito.
Se estima que cada una de estas etapas podría extenderse por varias semanas, implicando un alto nivel de peligro para el personal militar estadounidense. Irán cuenta con una capacidad diversa de hostigamiento que incluye ataques aéreos mediante drones y misiles, así como lanchas rápidas equipadas con explosivos diseñadas para impactar embarcaciones de gran calado.
Bajo la superficie, el riesgo aumenta con el uso de minas marinas ocultas. Gran parte del equipo ofensivo iraní se encuentra distribuido y camuflado en cuevas, túneles y accidentes geográficos a lo largo de cientos de kilómetros de litoral, lo que complica su neutralización exclusivamente por vía aérea.
Bombardeos en la costa iraní
En jornadas recientes, la aviación de Estados Unidos ha intensificado sus ataques contra posiciones costeras en Irán. El pasado 19 de marzo, el general Dan Caine, jefe militar de más alto rango de la nación norteamericana, informó que se han empleado bombas de 2.268 kilogramos diseñadas para perforar estructuras de roca y hormigón, logrando destruir búnkeres subterráneos donde se resguardaban misiles antibuque.
Complementariamente, se han desplegado helicópteros y aviones de ataque a baja altura A-10 Warthog para interceptar y destruir la flota de lanchas rápidas de la república islámica. Las fuerzas estadounidenses aseguran haber impactado o hundido más de 120 naves de guerra y 44 embarcaciones minadoras iraníes.
“Lo que Estados Unidos está haciendo ahora mismo es bombardear cada cueva, edificio y garaje que pueda albergar estos sistemas de armas”, afirma Bryan Clark, del Instituto Hudson. “Pero es difícil eliminar por completo todas las amenazas potenciales”.

Estrategias terrestres y control de islas
Una de las tácticas que cobra fuerza entre los altos mandos es la inserción de fuerzas especiales o infantes de marina en islas estratégicas para desmantelar objetivos en terrenos de difícil acceso. Se especula sobre la posible toma de la isla de Kharg, centro neurálgico de las exportaciones petroleras de Irán, o de tres islas controladas por el régimen pero reclamadas por los Emiratos Árabes Unidos.
Según Mark Cancian, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, estas tropas no solo buscarían amenazas, sino que podrían instalar sistemas de defensa antiaérea de corto alcance. No obstante, este despliegue es sumamente arriesgado, ya que las unidades quedarían expuestas a la artillería y a los drones Shahed-136, que poseen un rango de vuelo superior a los 1.500 kilómetros.
El peligro invisible de las minas
El desminado se perfila como una de las tareas más críticas. Se calcula que antes del conflicto, Irán poseía un arsenal de unas 6.000 minas, desde modelos convencionales que estallan por contacto hasta dispositivos avanzados que detectan señales acústicas o magnéticas.
“Cualquier barco puede ser un minador”, advierte el almirante retirado James Foggo, recordando que incluso barcos pesqueros o comerciales pueden ser usados para sembrar estos artefactos.

La Armada estadounidense enfrenta este reto tras haber desmantelado sus buques especializados de la clase Avenger a principios de año. Actualmente, depende de los “buques de combate litoral” (LCS), aunque algunos deben ser trasladados desde Asia. Estos navíos utilizan tecnología de drones submarinos y helicópteros de detección que aún no han sido probados en escenarios de combate real. Bryan Clark proyecta que la limpieza del estrecho podría tardar entre una y tres semanas, tras lo cual se deberán iniciar las escoltas aun sin garantías totales de seguridad.
Logística y geografía: un reto sin precedentes
La protección de los convoyes de petroleros requeriría un despliegue masivo de destructores, drones y cobertura aérea constante. Expertos indican que se necesitaría al menos un destructor por cada dos buques cisterna. Aunque Estados Unidos tiene 14 destructores en la zona, 6 están asignados exclusivamente a la defensa de portaaviones.
La geografía del estrecho, con solo 50 kilómetros de ancho en su zona más angosta y rodeada de terreno montañoso, limita el tiempo de reacción para interceptar ataques. Las corrientes marinas obligan además a realizar maniobras de alta complejidad para mantener las formaciones de escolta. Aunque la marina estadounidense cuenta con experiencia reciente enfrentando a los hutíes en Yemen, el arsenal de Irán es significativamente más avanzado.
Bryan Clark concluye que el régimen iraní ha preparado estos recursos durante décadas para este escenario específico, lo que anticipa un enfrentamiento de resistencia prolongada.
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