El ministro de Asuntos Exteriores de la República Islámica, Abbas Araqchi, comunicó este viernes que el gobierno de Teherán está plenamente dispuesto a facilitar el tránsito de embarcaciones de Japón a través del estrecho de Ormuz. Esta disposición surge tras una serie de consultas diplomáticas entre funcionarios de ambas naciones, motivadas por la reciente inestabilidad en este punto estratégico de navegación global.
La situación en el área se ha visto afectada tras las acciones de Irán contra diversas naves en este paso clave, como respuesta a la ofensiva militar ejecutada por Estados Unidos e Israel contra territorio iraní el pasado 28 de febrero. No obstante, en una entrevista telefónica concedida a la agencia de noticias japonesa Kyodo, Araqchi aclaró la postura actual de su país:
«No hemos cerrado el estrecho. Está abierto»
El alto diplomático recalcó que Irán está listo para asegurar una travesía sin contratiempos para las flotas de países como Japón, siempre y cuando exista una coordinación previa con las autoridades de Teherán.
Legítima defensa y asistencia marítima
Para el titular de la diplomacia iraní, el accionar de su país frente a lo que describió como una «agresión ilegal y no provocada» por parte de Washington y Tel Aviv, se enmarca estrictamente en el derecho a la legítima defensa. Araqchi aseguró que esta postura se mantendrá vigente durante «el tiempo que sea necesario».
A pesar de la tensión, el ministro enfatizó que esto no impide brindar «asistencia a otros» actores internacionales en un momento de creciente preocupación por la seguridad regional. Según reveló, la seguridad de la navegación para las empresas niponas fue un punto central en sus recientes diálogos con su homólogo de Japón, Toshimitsu Motegi. Aunque no se profundizaron en detalles específicos, Araqchi confirmó que la comunicación entre ambas carteras se mantiene de forma constante.
Relaciones diplomáticas y el papel de Tokio
En medio de los esfuerzos por conseguir que la comunidad internacional condene los ataques perpetrados contra su país en el marco de la operación ‘Furia Épica’, el representante de Teherán destacó y agradeció la política exterior «equilibrada y justa» que ha mantenido tradicionalmente el gobierno de Tokio. Asimismo, resaltó los vínculos «amistosos de larga data» que han unido a ambas naciones históricamente.
Por otro lado, a principios de esta semana, la primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, mantuvo reuniones en Washington con el mandatario estadounidense Donald Trump. Durante estos encuentros, Takaichi explicó las limitaciones legales que impiden una participación directa de Japón en las maniobras militares para «reabrir» el paso de Ormuz, una petición que había sido formulada por la Casa Blanca. A pesar de estas restricciones, se alcanzaron acuerdos estratégicos, como el compromiso de importar más petróleo de Estados Unidos y el fortalecimiento de la cooperación en el desarrollo de misiles, según informes de la agencia Bloomberg.
Reacciones desde la Casa Blanca
Las declaraciones de la líder japonesa se dieron en un contexto de resignación por parte de Donald Trump, quien no logró consolidar el respaldo militar esperado de sus socios en lo referente al estrecho de Ormuz. El presidente norteamericano busca contrarrestar el incremento en los precios del crudo derivados de la ofensiva que él mismo inició junto al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu.
El pasado miércoles, Trump fue enfático al declarar que Estados Unidos «no necesita la ayuda de nadie». Además, arremetió contra los aliados de la OTAN, calificando su renuencia como un «error muy estúpido». Sus críticas también alcanzaron a naciones como China, Corea del Sur y el propio Japón, que habían rechazado hasta ese momento el envío de buques de guerra a la zona.
Sin embargo, este jueves, Japón se sumó a cinco de las principales potencias europeas —Reino Unido, Francia, Alemania, Italia y Países Bajos— para manifestar su disposición a «contribuir a los esfuerzos» para garantizar un flujo seguro en el estrecho de Ormuz. Esta declaración se produce tras la controversia generada por Trump, quien previamente tildó de «cobardes» a los países que se habían negado a respaldar lo que él definió como una «simple maniobra militar».
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