La escalada de hostilidades en el Estrecho de Ormuz está provocando ondas de choque que trascienden el ámbito geopolítico, impactando directamente en las cadenas de suministro globales. Uno de los sectores más vulnerables es el de los fertilizantes, un componente esencial para garantizar la producción de alimentos a nivel mundial.
Ante este panorama, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) ha emitido una alerta sobre las consecuencias que la interrupción del tráfico en este paso estratégico tendrá sobre el acceso a productos agrícolas vitales, con un foco de preocupación especial en aquellas naciones que dependen mayoritariamente de las importaciones para su agricultura.
Este corredor marítimo, que funciona como el cordón umbilical entre el Golfo Pérsico y los mercados internacionales, es vital para el traslado de energía y materias primas. Debido al conflicto regional derivado de las acciones militares de Estados Unidos e Israel contra Irán, la UNCTAD advierte que las dificultades logísticas ya se sienten en múltiples áreas de la economía global.
El Estrecho de Ormuz: Un eje para el agro mundial
Más allá de la evidente relevancia para el mercado de hidrocarburos, el organismo internacional ha puesto énfasis en que el estrecho es un pilar para el comercio de insumos para el campo. Según los registros de la UNCTAD, aproximadamente un tercio del comercio marítimo mundial de fertilizantes circula por esta ruta anualmente, lo que representa cerca de 16 millones de toneladas.
Cualquier reducción en la fluidez de este tránsito pone en jaque el suministro constante hacia diversos mercados, lo que podría derivar en una caída de la producción agrícola, el encarecimiento de la canasta básica y una crisis de seguridad alimentaria en múltiples regiones del planeta.
La situación es crítica para los países que no producen sus propios fertilizantes, pues cualquier restricción logística se transforma de inmediato en desabastecimiento o en una inflación de precios difícil de costear. Las estadísticas muestran un desplome drástico en el flujo naviero: si entre el 1 y el 27 de febrero cruzaban un promedio de 129 embarcaciones diarias, a finales de la semana pasada la cifra cayó a solo cuatro buques al día, evidenciando el impacto de la incertidumbre geopolítica.
Este corredor es responsable de movilizar aproximadamente una cuarta parte del petróleo mundial que viaja por mar. Según datos previos al conflicto, por esta vía transitaba el 38% del crudo marítimo, el 29% del gas licuado de petróleo, el 19% del gas natural licuado, el 19% de los productos refinados y el 13% de los productos químicos, categoría en la que se incluyen los fertilizantes.

Disparada de costos y presión logística
La parálisis operativa no solo afecta el volumen de mercancías, sino que dispara los costos logísticos internacionales. Analistas de la UNCTAD han señalado incrementos significativos en los fletes de petroleros, las primas de seguros por riesgo de guerra y los precios del combustible marítimo, factores que encarecen el transporte de bienes.
Estas presiones se trasladan velozmente a las cadenas de suministro, recordando crisis previas como la pandemia o el inicio de la guerra en Ucrania, donde se evidenció la fragilidad de un sistema global interconectado. Los expertos temen que los países en desarrollo lleven la peor parte, ya que sus economías, a menudo lastradas por niveles elevados de deuda y altos costos de financiación, tienen poca capacidad para absorber nuevas alzas.
Los indicadores energéticos ya muestran el impacto de la crisis: al 9 de marzo, el precio del petróleo había subido un 24% y el gas licuado registraba incrementos cercanos al 74%. Para la UNCTAD, si la situación en el Estrecho de Ormuz continúa deteriorándose, el impacto se extenderá irremediablemente a la producción de alimentos y la estabilidad de las cadenas productivas globales.
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