En medio del trajín citadino, en Quito se presentan varios fenómenos de la gentrificación, la migración interna y el crecimiento horizontal hacia las zonas periféricas.
Habitantes de ciertos barrios han tenido que organizarse, autofinanciarse y buscar ayuda para enfrentar desafíos; sin embargo, aquellos que han sido emblemáticos y se han posicionado como el rostro de la ciudad, hoy viven con problemas.
La Mariscal, la avenida 10 de Agosto, que abre las puertas al Centro Histórico, el mismo casco colonial y el vecindario de El Batán son solo algunos ejemplos de sectores donde las ventanas de edificaciones abandonadas se muestra rótulos de “se vende” o “se arrienda”.
Entre las calles, incluso durante el día, algunos peatones prefieren mirar al piso y caminar lo más rápido posible por miedo a sufrir algún robo o extorsión por parte de personas en condición de calle que usan estos espacios solitarios como su refugio.
Gentrificación y expulsión de la población
El arquitecto y urbanista Sergio Bermeo, docente de la Universidad Central del Ecuador, explicó parte de los problemas que viven estos sectores y a qué se debe la salida acelerada de la población.
“Lo que estamos generando son desplazamientos forzados hacia las periferias de la ciudad, producto de la gentrificación. Se han insertado locales de cadenas gigantes que han ido reemplazando a los negocios de barrio. Esto ha expulsado a la población por el alto costo del suelo”, manifestó Bermeo.
Si bien estas zonas han cooperado con el sector turístico, la evolución abrupta del área comercial ha dejado sin espacio a la vivienda tradicional.
“Estos barrios han perdido vitalidad porque salió el uso de suelo residencial y los hipercentros han quedado prácticamente solo para comercio. Esto ha provocado un despoblamiento severo”, continuó el especialista.

El concepto de ciudad en Quito está sobredimensionado, indicó. Según el docente, para que un territorio pueda vivir, necesita de vivienda, comercio y turismo, pero en la práctica solo se ha priorizado uno.
“El desplazamiento ha significado que una persona que consumía $ 30 semanales en su barrio reduzca su gasto a $ 18. Esto afecta al tejido económico, porque la gente ya no consume en su vecindario y prefiere plataformas digitales para evitar el contacto con el espacio público”, afirmó.
La Mariscal: de eje nocturno al abandono
El caso más visible es La Mariscal, sector que fue eje nocturno e histórico de la ciudad entre los años 2000 y 2015. Tras la pandemia de Covid-19, hubo el cierre de decenas de locales.
“El fenómeno más fuerte es que las familias dejan de vivir en los barrios. Se convierten en espacios de paso, donde la gente llega por horas y se va. El abandono es notable y eso genera inseguridad”, señaló Paola Romero, abogada urbanista.
La especialista explicó que el deterioro y el desorden en estos sectores empujaron a la población hacia zonas más tranquilas, aunque este patrón se repite con rapidez.
“El desarrollo se ha extendido hacia el sur, en Quitumbe, Guamaní y La Ecuatoriana; hacia el norte, en Calderón, Carapungo y El Condado; y hacia los valles de Los Chillos, Tumbaco, Cumbayá, Puembo e incluso Checa. Es un fenómeno que debe debatirse si se va a frenar o no”, apuntó Romero.
Centro Histórico: luces que no tapan el deterioro
El Centro Histórico, pese a festivales de luces, conciertos y desfiles durante las Fiestas de Quito, sigue teniendo casas y edificios patrimoniales abandonados. Informes municipales señalan que más de 60 inmuebles se encuentran en estado crítico.
“Cuando se rompe el tejido económico, se rompe también el social y residencial. El futuro es complejo porque se debe analizar cómo reconstruir estos tejidos para que la ocupación sea eficiente”, explicó Romero.
En este escenario, la inseguridad se convierte en un problema. Es la principal razón por la que los negocios cierran temprano y la ciudadanía evita transitar por zonas poco iluminadas.

Entre enero y julio de 2025, según datos de la Policía Nacional, La Mariscal figuró entre los tres barrios con mayor incidencia delictiva, con 317 casos registrados, donde se decomisaron armas, droga, municiones y vehículos ocultos en estructuras abandonadas.
La situación se replica en la avenida 10 de Agosto, uno de los principales accesos al Centro Histórico, afectada por cambios en el uso de suelo, pérdida de parqueaderos y la competencia del comercio electrónico.
Seguridad, política y barrios en tensión
Para el abogado penalista Carlos Bustamante, la falta de coordinación entre el Municipio y las fuerzas del orden ha agravado el problema, incluyendo que ciertos espacios de control policial ahora sean ocupados por personas en situación de calle o de conducta antisocial.
Bustamante consideró que no existe una gestión integral entre los actores de la ciudad, incluyendo a la Municipalidad.
En medio de este escenario, apuntó, hay afectación en sectores considerados estables, como El Batán, ubicado en el centro financiero de Quito.
A pesar de promesas de iluminación, cámaras y mantenimiento, los proyectos quedaron inconclusos tras los cambios de administración.
Dora Naranjo, vocal barrial, dijo que sobre todo en la zona del Estadio Olímpico Atahualpa se evidencia deterioro y aquello puede propiciar problemas de seguridad. Calles como Correa, Quintero y María Sánchez pueden replicar ese situación porque no están bien iluminadas, señaló.
A pesar de promesas de iluminación, cámaras y mantenimiento, los proyectos quedaron inconclusos tras los cambios de administración.
Edificios en altura: ¿solución o nuevo problema urbano?
En contraste con el abandono de barrios tradicionales, Quito vive un auge de proyectos inmobiliarios en altura, especialmente en el norte de la ciudad. Sectores como la avenida República del Salvador, Naciones Unidas, La Carolina, La Pradera y la zona de la avenida de los Shyris concentran edificios de gran escala.
Proyectos como IQON, EPIQ, YOO Quito, Unique y Qorner, ya construidos o en desarrollo, superan los 20 y hasta 30 pisos, impulsados por inversiones privadas y una demanda orientada a oficinas, viviendas de lujo y usos mixtos.
Según datos municipales y del sector inmobiliario, la mayoría de estas edificaciones se concentran en apenas el 10 % del suelo urbano consolidado, mientras las periferias continúan expandiéndose.

El urbanista enfatizó que la densificación del hipercentro podría ser una alternativa, siempre que se respete la escala del paisaje urbano.
“Quito no puede seguir creciendo de manera horizontal porque afecta al presupuesto municipal, a los servicios básicos y fomenta la arquitectura informal”, sostuvo Bermeo.
Él apuntó que el crecimiento en altura debe ser proporcional y planificado. “Quito no es Miami ni Manhattan. Pensar en edificios de 40 pisos es una exageración“, acotó.
Fuente: El Universo