Crisis en Perú: Derecha se divide ante posible censura de José Jerí

El destino político del mandatario peruano José Jerí pende de un hilo ante la votación inminente de una de las siete mociones de censura presentadas en el Parlamento. Este escenario podría provocar un nuevo relevo en el Poder Ejecutivo apenas cuatro meses después de su toma de posesión. Para que la destitución sea efectiva, alguna de estas propuestas debe alcanzar al menos 66 votos a favor. En ese caso, el Congreso procedería a designar una nueva autoridad que lideraría el Estado hasta el próximo 28 de julio, fecha establecida para la entrega de mando al triunfador de las elecciones generales del 12 de abril.

Fractura en el bloque de derecha

La controversia sobre la continuidad de Jerí ha profundizado las grietas internas dentro de la derecha peruana. En las horas previas al pleno extraordinario, las principales agrupaciones conservadoras han hecho públicas sus discrepancias. Fuerza Popular, el bloque mayoritario liderado por Keiko Fujimori, ha tomado la decisión de no respaldar los pedidos para remover al presidente. Esta postura ha provocado que Renovación Popular, partido encabezado por Rafael López Aliaga, arremeta contra sus colegas de bancada cuestionando su rol en esta crisis.

Renovación Popular ha ratificado que votará a favor de retirar a Jerí del cargo. Entre sus argumentos principales figuran la presunta incapacidad del jefe de Estado para detener la inseguridad ciudadana y la supuesta operatividad de redes clientelares en el Congreso, incluyendo menciones a polémicos casos relacionados con prostitución. La facción de López Aliaga ha utilizado incluso el término “Fuji Jerismo” para ironizar sobre lo que consideran un sometimiento total del Ejecutivo a las directrices de Fuerza Popular.

Cruce de fuertes acusaciones

Desde Fuerza Popular han respondido con dureza, señalando a Renovación Popular de actuar como un “títere de los caviares”, un calificativo peyorativo usado en la política local para referirse a ciertos sectores de izquierda. La propia Keiko Fujimori enfatizó su posición a través de un mensaje en sus plataformas sociales:

“Indistintamente de la decisión que ustedes ya tomaron, y a quién designen, nosotros no seremos cómplices de quienes buscan desestabilizar al país por cálculo político”.

Un historial de inestabilidad institucional

La fragilidad de las instituciones en Perú se ha vuelto una constante preocupante. La actual administración de Jerí es evaluada bajo un historial donde el país ha tenido siete jefes de Estado en la última década. El conflicto actual surge solo 120 días después de la destitución de la expresidenta Dina Boluarte, cuya salida ocurrió tras una gestión ensombrecida por la represión violenta en manifestaciones, decesos de civiles, diversas causas por corrupción y una crisis de seguridad sin precedentes cercanos.

Respecto a los cuestionamientos contra Jerí, se han recordado episodios polémicos como sus reuniones privadas con inversionistas chinos, dándose situaciones atípicas como su entrada a un restaurante con el rostro cubierto para evitar ser identificado. Esto ha derivado en indagaciones por presunto patrocinio ilegal y tráfico de influencias. Asimismo, se ha puesto bajo la lupa la contratación estatal de un grupo de cinco jóvenes mujeres que previamente visitaron el Palacio de Gobierno, lo que ha sembrado dudas sobre la meritocracia en los empleos públicos.

Escenario de transición

En la actualidad, la única fuerza que se mantiene alineada con el rechazo a la censura, además del fujimorismo, es Somos Perú, partido al que pertenece el presidente. La tensión aumenta a medida que se acerca la sesión, ante la posibilidad de que el Legislativo deba nombrar, por octava ocasión en diez años, a un mandatario provisional.

Si se aprueba el cese de funciones, el Congreso elegirá un reemplazo mediante mayoría simple. Dicha persona ocuparía el cargo de manera temporal para garantizar la transición hasta el 28 de julio. Este proceso inyecta una dosis mayor de incertidumbre en un contexto de fragmentación extrema, donde los partidos, pese a compartir bases ideológicas, se enfrentan mutuamente en busca de beneficios electorales aprovechando la debilidad del Gobierno.

La sesión extraordinaria, donde se revisarán las siete mociones de forma consecutiva, será determinante para el mapa político peruano. El resultado no solo definirá la permanencia de José Jerí, sino que también podría agudizar las fracturas en el espectro de la derecha y elevar la polarización en la sociedad a las puertas de un nuevo proceso electoral.

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