En un multitudinario encuentro en la ciudad de Múnich, al que asistieron más de 200.000 personas, Reza Pahlavi, hijo del último sah de Irán actualmente en el exilio, manifestó su firme disposición para guiar a la nación hacia un modelo de gobernanza democrático y secular.
Durante su intervención, el líder político enfatizó su papel como facilitador del cambio estructural.
“Estoy aquí para garantizar una transición hacia un futuro democrático secular. Me comprometo a ser el líder de la transición para que un día podamos tener la oportunidad final de decidir el destino de nuestro país a través de un proceso democrático y transparente hasta las urnas”
, declaró ante la multitud.
Un movimiento que clama por la libertad
El ambiente en la concentración estuvo marcado por el fervor de los asistentes, quienes corearon consignas como “Javid shah” (larga vida al sah) mientras sostenían banderas con la simbología de la monarquía que fue derrocada. Entre los manifestantes, un ciudadano iraní de 62 años resumió el sentimiento generalizado al afirmar que “el régimen iraní es un régimen muerto. Se acabó”.
En este contexto, Pahlavi instó a la ciudadanía, tanto en el interior como en el exterior de Irán, a persistir en la resistencia civil. Solicitó que se realicen protestas sonoras desde los hogares y azoteas a las 20:00 horas del sábado y el domingo, buscando una sincronía con las movilizaciones que se desarrollan en Alemania y otros puntos del globo.
Paralelamente, se registraron marchas masivas en ciudades estadounidenses como Los Ángeles y Washington, donde miles de manifestantes expresaron su rechazo a la teocracia encabezada por Ali Khamenei.

Compromiso sin pretensiones de poder
Previo al evento masivo, el heredero aclaró en una rueda de prensa que su participación no busca la reinstauración de la monarquía ni la obtención de beneficios personales. Pahlavi aseguró que no tiene la intención de portar la corona en Teherán.
- Meta principal: Permitir que el pueblo iraní elija su propio gobierno democrático.
- Misión política: Finalizará el mismo día en que se establezca la democracia.
- Motivación: El bienestar ciudadano sin recompensas individuales.
“La gente en Irán cree en mi liderazgo, porque saben que no tengo nada que ganar. No quiero nada a cambio”
, puntualizó el político, reforzando que su objetivo es puramente altruista hacia la liberación de su país.
Presión internacional y crisis humanitaria
Desde la Casa Blanca, el presidente Donald Trump ha reafirmado que una transición de poder en Irán representaría el mejor escenario posible. Para respaldar esta postura y aumentar la presión sobre Teherán, se confirmó el despliegue de un segundo portaaviones con rumbo al Medio Oriente.
Esta movilización militar ocurre tras advertencias previas sobre una posible intervención en apoyo a las protestas que alcanzaron su cénit en el mes de enero. Aquellas manifestaciones fueron sofocadas con violencia por la Guardia Revolucionaria, resultando en una cifra trágica de muertes según denuncian diversos organismos internacionales.
En la Conferencia de Seguridad de Múnich, Pahlavi dirigió un mensaje directo al mandatario estadounidense:
“Al presidente Trump… El pueblo iraní le escuchó decir que la ayuda está en camino y tiene fe en usted. Ayúdelos. Es hora de acabar con la República Islámica”
.
Una revolución sin retorno
El dirigente calificó las protestas actuales como una verdadera “revolución” y admitió sus esfuerzos por articular a la oposición desde el extranjero. Aunque reconoció que el camino hacia la libertad podría ser extenso y seguir costando vidas, fue enfático al decir que “no hay vuelta atrás”.
Los datos de la organización Human Rights Activists News Agency (HRANA) subrayan la gravedad de la situación, estimando que las revueltas han dejado un saldo de más de 7.000 fallecidos, una cifra que tiende al alza debido al bloqueo informativo y las restricciones en las comunicaciones impuestas por el gobierno central.
Finalmente, Pahlavi describió a un régimen debilitado, con líderes refugiados en búnkeres y familias de la élite transfiriendo capitales al exterior. Ante esto, sugirió que acciones directas y focalizadas contra los organismos represores —incluida la Guardia Revolucionaria— no deberían verse como una injerencia, sino como una intervención humanitaria necesaria para evitar futuras matanzas masivas.
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