Misterioso dispositivo en Noruega reactiva caso del Síndrome de La Habana

Bajo un estricto protocolo de confidencialidad, un investigador científico vinculado al gobierno de Noruega desarrolló un mecanismo capaz de proyectar potentes ráfagas de energía de microondas. Con el objetivo de demostrar que tales aparatos no representaban una amenaza para la integridad humana, el experto decidió experimentar consigo mismo durante el año 2024. Tras la exposición, el científico manifestó cuadros neurológicos que coinciden con los del “síndrome de La Habana”, la enigmática afección que ha impactado a cientos de oficiales de inteligencia y diplomáticos de Estados Unidos en diversas regiones del mundo.

Este insólito acontecimiento, revelado por cuatro fuentes cercanas a los hechos, representa el giro más reciente en una investigación que ya suma una década intentando descifrar el origen de estos malestares. Quienes padecen esta condición reportan consecuencias persistentes como náuseas, mareos y complicaciones cognitivas. Dentro de las instituciones estadounidenses, estos eventos son clasificados oficialmente como “incidentes de salud anómalos” (AHI, por sus siglas en inglés).

Investigaciones de alto nivel en Noruega

La existencia de esta prueba privada en territorio noruego se había mantenido oculta hasta el presente. Según dos de los informantes, las autoridades de Noruega compartieron los hallazgos con la CIA, lo que motivó que delegaciones del Pentágono y de la Casa Blanca realizaran al menos dos misiones diplomáticas a dicho país europeo a lo largo de 2024.

No obstante, los conocedores del experimento aclaran que esto no constituye una prueba irrefutable de que los incidentes de salud anómalos sean causados por una potencia extranjera mediante armas secretas similares al prototipo noruego. De hecho, una de las fuentes precisó que los síntomas del investigador noruego —cuya identidad permanece protegida— no se ajustaban perfectamente al patrón de un caso “clásico” de AHI. Todos los testimonios fueron otorgados bajo anonimato debido a la confidencialidad del asunto.

Pese a las dudas, este suceso ha dado nuevo impulso a la teoría de que los “dispositivos de energía pulsada”, que emiten ondas electromagnéticas en intervalos breves pero intensos, poseen la capacidad de alterar la biología de las personas y podrían estar en manos de rivales estratégicos de EE. UU.

“Creo que hay pruebas convincentes de que debemos preocuparnos por la capacidad de construir un arma de energía dirigida que pueda causar diversos riesgos a los seres humanos”, afirmó Paul Friedrichs, general retirado de la Fuerza Aérea y exsupervisor de amenazas biológicas en el Consejo de Seguridad Nacional bajo la gestión de Joe Biden.

El papel de la nueva administración y tecnología incautada

Aunque el equipo de Donald Trump asumió el mando con la intención de investigar de forma agresiva estos incidentes, los avances públicos han sido limitados. Se anticipa que una revisión liderada por Tulsi Gabbard, actual directora de Inteligencia Nacional, analice la actuación de la administración previa, aunque su difusión ha sufrido retrasos.

En paralelo, se ha revelado que al cierre del mandato de Biden, el gobierno estadounidense adquirió de manera secreta un aparato de fabricación extranjera que genera ondas de radio pulsadas. Expertos sospechan que esta tecnología podría estar vinculada a los casos de AHI. El Departamento de Defensa se encuentra actualmente testeando esta máquina, que cuenta con piezas de origen ruso, aunque no se ha determinado con exactitud su fabricante original.

La existencia de este segundo dispositivo fue reportada inicialmente por la CNN y la periodista Sasha Ingber, indicando que la compra fue gestionada por Homeland Security Investigations por una suma millonaria. Es importante señalar que el modelo noruego no era idéntico al comprado por EE. UU.; el prototipo científico se basó en “información clasificada”, lo que sugiere que su diseño provendría de planos obtenidos de otro gobierno.

Cambios en el juicio de la inteligencia estadounidense

Tras el conocimiento de estas dos maquinarias, dos organismos de inteligencia ajustaron su postura previa y admitieron que algunos incidentes de salud podrían ser responsabilidad de adversarios extranjeros. Esta nueva perspectiva fue incluida en una actualización de inteligencia de enero de 2025.

“Los nuevos informes”, según la evaluación, llevaron a las dos agencias “a cambiar sus valoraciones sobre si un actor extranjero tiene la capacidad de causar efectos biológicos compatibles con algunos de los síntomas notificados como posibles AHI”.

Las entidades que modificaron su criterio fueron la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) y el Centro Nacional de Inteligencia Terrestre, este último con sede en Charlottesville. Sin embargo, otras cinco agencias, incluyendo la CIA, mantienen que es “muy improbable” la intervención de un país enemigo o la existencia de un arma inédita, basándose en comunicaciones interceptadas donde los propios adversarios mostraban extrañeza ante los síntomas.

Testimonios de las víctimas y antecedentes

A lo largo de los años, el Síndrome de La Habana, detectado inicialmente en Cuba en 2016, se ha extendido con reportes en China, Europa del Este e incluso en la India, donde un asesor cercano a William J. Burns, director de la CIA, se vio afectado en 2021. Rusia ha sido señalada frecuentemente como sospechosa por su historial en energía dirigida, algo que Moscú ha negado sistemáticamente.

En una reciente conferencia en Filadelfia, el teniente coronel retirado Chris Schlagheck relató haber sufrido cinco ataques en 2020 en su residencia de Virginia. No fue sino hasta el año pasado cuando un diagnóstico médico vinculó sus síntomas con los casos reportados en La Habana.

Respecto al experimento en Noruega, se sabe que el científico involucrado era irónicamente uno de los mayores escépticos de la teoría de las armas de energía. En un intento por demostrar su punto usando su propio cuerpo, terminó por experimentar los efectos en carne propia. Una fuente lo describió como alguien “un poco excéntrico”.

Finalmente, a finales de 2024, la postura de la Casa Blanca comenzó a suavizarse respecto al escepticismo de las agencias de espionaje. Durante una reunión en la Sala de Situación con víctimas del síndrome, un funcionario declaró directamente: “Les creemos”, reconociendo que, si bien no hay certeza absoluta, es plausible que factores externos provocados por el hombre sean la causa de estos padecimientos.

“Para las víctimas estaba claro, aunque no se dijo, que había llegado nueva información al Consejo de Seguridad Nacional que les había llevado a hacer tal declaración”, concluyó Marc Polymeropoulos, ex oficial de la CIA y afectado por la dolencia.

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