Tras una intensa operación de búsqueda y salvamento, las autoridades han ratificado la recuperación de los cuerpos sin vida de los seis trabajadores que quedaron atrapados luego de una fuerte explosión en una mina de carbón situada en Guachetá, Cundinamarca. El trágico suceso, que tuvo lugar durante la noche del 5 de febrero de 2026, dejó a los mineros incomunicados a una profundidad de 170 metros.
El siniestro fue provocado por un estallido que derivó en el colapso inmediato de los túneles subterráneos. Esta situación no solo bloqueó las vías de salida, sino que comprometió severamente la estabilidad estructural de la explotación, dificultando el ingreso de las brigadas de socorro desde los primeros momentos de la emergencia.
Ante la magnitud de la tragedia, se desplegó un operativo coordinado por autoridades locales y organismos de respuesta inmediata para intentar localizar a los operarios. En la superficie, los familiares de las víctimas permanecieron en una angustiante espera en las inmediaciones del acceso principal de la mina, aguardando noticias sobre sus seres queridos.
Debido a la profundidad de 170 metros en la que se encontraban los trabajadores, las tareas de rescate representaron un desafío extremo, exigiendo la intervención de personal altamente especializado y el cumplimiento de rigurosos protocolos de seguridad para evitar nuevos derrumbes.
Durante la jornada del 7 de febrero, la Delegación Departamental de Bomberos de Cundinamarca informó el cumplimiento del rescate de los cuerpos. El cronograma de recuperación de las víctimas fue el siguiente: dos cuerpos fueron extraídos en las horas previas a la madrugada; posteriormente, a las 2:10 a. m., se localizó el tercer cuerpo; y a las 7:22 a. m. se logró el cuarto hallazgo. Finalmente, los dos trabajadores restantes fueron recuperados después de las 10:00 a. m. de ese mismo día.
Desafíos técnicos y condiciones de riesgo
A pesar de que inicialmente se reportó la búsqueda de dos desaparecidos adicionales, el proceso de extracción se centró en la totalidad de los afectados identificados. El Puesto de Mando Unificado (PMU) mantuvo actualizaciones constantes sobre el avance de las cuadrillas que ingresaron a los socavones durante la madrugada.
El gobernador de Cundinamarca, Jorge Emilio Rey, confirmó el lamentable desenlace y señaló que la tragedia pone nuevamente de relieve los peligros inherentes a la minería en la zona y las brechas en la regulación estatal de estas actividades. El operativo enfrentó barreras críticas como la acumulación de gases tóxicos y la fragilidad de las paredes del recinto.
En declaraciones para Blu Radio, el gobernador Rey detalló la complejidad del entorno:
“hay acumulación de gases, lo que hace que la tarea de búsqueda se dificulte. Y también hay una profundidad importante que no permite que aún se haya llegado a los cuerpos que están allí, perdidos o desaparecidos en esta mina”.

En las labores participaron más de 20 expertos de la Unidad de Rescate Minero y otros 40 efectivos de diversas instituciones de socorro. Sin embargo, la alta toxicidad del aire y la carencia de sistemas de ventilación adecuados obstaculizaron el avance hacia el epicentro del colapso.
El mandatario regional fue claro respecto a las limitaciones técnicas:
“No, no señor. Ahí se está haciendo algún trabajo con ventilación. Se está esperando llegar al punto para poder tener esta línea de conducción de ventilación. Pero, como le digo, los trabajos han sido bastante complicados por el material, la cantidad que existe en la zona y por la acumulación de los gases”.
Según la información oficial, la explosión fue detonada por una acumulación de gas metano, la cual selló la única ruta de escape disponible. Rey precisó que la detonación afectó la estructura de la boca de la mina, provocando la caída de material que dejó a los hombres sepultados.
Con el paso de las horas, las esperanzas de encontrar sobrevivientes se desvanecieron. Al respecto, el gobernador manifestó:
“Cada minuto que avanza hace más difícil pensar que estén vivos. Sin embargo, hasta que no se tenga contacto visual no se podrá tener claramente determinada la situación. Los milagros existen. Ojalá, efectivamente, en este caso aplique”.

Irregularidades en la operación minera
Un aspecto crítico de la emergencia gira en torno a la legalidad de la mina. Sobre este punto, el gobernador Rey señaló:
“Presuntamente tenía órdenes de cierre por parte de la CAR y por parte de la Agencia Nacional Minera, lo que indicaría que no cumplía con todos los requisitos. Es información preliminar que tenemos que verificar, pero todo apunta a que efectivamente no contaba con los requisitos y documentos para funcionar”.
El funcionario lamentó que en la región sea recurrente el patrón de aperturas clandestinas, donde minas clausuradas reactivan sus labores de forma irregular. “Varias veces se cierran estas minas y varias veces vuelven a activar allí sus funciones”, enfatizó.
La precariedad laboral también fue mencionada como un factor agravante. El mandatario reconoció que estas explotaciones carecen de seguridad industrial y de los estándares mínimos para proteger la vida de los empleados, quienes usualmente trabajan en grupos reducidos de menos de diez personas, lo que complica la supervisión estatal.
Las víctimas de este trágico accidente fueron identificadas oficialmente como:
- Iván Martínez
- Arnol Arias
- Óscar Castrillón
- Huilan Montaño
- Manuel Medina
- Celso Murcia
Este desastre en Guachetá subraya la urgencia de endurecer los controles sobre la minería informal y garantizar que se cumplan las normativas de seguridad en las explotaciones bajo tierra en todo el territorio.
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