En una jornada marcada por la incertidumbre política, el Consejo Presidencial de Haití formalizó su dimisión este sábado, cerrando un ciclo de casi dos años de administración caracterizado por el recrudecimiento de la violencia y un alarmante declive financiero. El acto protocolario tuvo lugar en Puerto Príncipe, donde los nueve integrantes del organismo delegaron la conducción de la transición al actual primer ministro, Alix Didier Fils-Aimé.
Durante la ceremonia, el presidente saliente del cuerpo colegiado, Laurent Saint-Cyr, enfatizó la necesidad de anteponer el bienestar nacional a las ambiciones individuales.
“Necesitamos dejar de lado nuestro interés personal y continuar el progreso por la seguridad”
manifestó el funcionario, quien durante los días previos se opuso firmemente a las presiones que buscaban la destitución del jefe de gobierno.
Asimismo, Saint-Cyr subrayó la urgencia de reestablecer la estabilidad institucional en la nación caribeña.
“Es urgente restaurar el orden republicano para que el pueblo pueda disfrutar de todas las promesas de la democracia”
, afirmó el líder saliente, siendo el último de los miembros del Consejo en participar activamente del traspaso de mando.

El exdirectivo admitió que el panorama actual en Haití es sumamente “complicada”, haciendo un llamado a la unidad nacional para alcanzar los objetivos que la ciudadanía demanda. Según sus palabras,
“Los retos a los que nos enfrentamos exigen solidaridad, serenidad y una mayor capacidad para dejar de lado los intereses mezquinos y poder avanzar”
.
Por su parte, el primer ministro Alix Didier Fils-Aimé ofreció una breve intervención, postergando un mensaje más extenso a la nación para las próximas horas. El mandatario aseguró estar plenamente consciente de las responsabilidades que asume y ratificó el inicio inmediato de sus funciones ejecutivas.
“Las prerrogativas reconocidas al Ejecutivo se ejercerán escrupulosamente, respetando las instituciones y el interés superior de la nación. Pongamos a Haití en primer lugar, viva Haití”
, declaró al asumir el poder total que antes residía en el Consejo Presidencial de Transición (CPT), organismo que dio por concluido su mandato.
En su discurso, Fils-Aimé no escatimó elogios para Laurent Saint-Cyr, a quien describió como un hombre comprometido con la estabilidad institucional.
“Señor presidente, usted es un hombre de Estado. Toda la nación lo reconoce”
, expresó el primer ministro ante el cese de funciones del CPT.

La salida del Consejo ocurre en un momento de máxima tensión externa. En fechas recientes, la situación del país se vio influenciada por el despliegue de un buque de guerra y dos embarcaciones de la Guardia Costera de Estados Unidos en las cercanías de la capital haitiana. Esta maniobra es parte de la denominada Operación Lanza del Sur, impulsada por Washington.
Esta intervención responde a la necesidad de garantizar seguridad ante el dominio de las bandas armadas. Según estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), los grupos criminales ya ejercen control sobre el 90% de Puerto Príncipe, lo que evidencia la fragilidad del control estatal en la región.

Antecedentes y crisis interna
El origen del Consejo se remonta a abril de 2024, producto de consensos entre líderes regionales del Caribe y autoridades estadounidenses, tras el vacío institucional dejado por el asesinato de Jovenel Moïse en 2021. No obstante, desde su creación, el país ha experimentado una escalada de violencia que incluso provocó el cierre del aeropuerto internacional principal durante un periodo de casi tres meses.
Internamente, el organismo también enfrentó fisuras. Poco antes de la renuncia colectiva, dos miembros de peso intentaron remover al primer ministro de su cargo, una maniobra que no contó con el respaldo de la mayoría ni de la comunidad internacional. En respuesta, Estados Unidos procedió a la revocación de visas de cuatro consejeros y un ministro del gabinete, intensificando la presión diplomática sobre el ente.
Un panorama económico desolador
En el ámbito macroeconómico, las cifras reveladas por Germain son críticas. Haití registró durante el 2024 un crecimiento negativo del 4,2%, y las proyecciones para el 2025 apuntan a una nueva contracción del 2,7%. El impacto social se refleja en los siguientes datos:
- Pérdida de más de 12.000 empleos directos en el sector textil.
- Aumento de la inseguridad alimentaria, que pasó de 4,5 a 5,7 millones de personas afectadas en menos de dos años.
- Ejecución de apenas el 25% del presupuesto destinado a inversiones públicas.

El Consejo se despide sin haber consolidado una estrategia económica definida para el país. Pese a ello, Fils-Aimé sostuvo que el trabajo realizado por el CPT allanó el camino para una gestión que deberá enfrentar retos inmediatos en materia de seguridad y organización de procesos electorales.
No obstante, el porvenir del país sigue bajo una sombra de duda. Analistas y organismos internacionales recalcan que es fundamental instaurar un nuevo esquema de liderazgo para recuperar la legitimidad institucional y permitir la operatividad de cualquier misión internacional de ayuda.

Mientras se mantienen las negociaciones para configurar una nueva dirección, la ciudadanía haitiana continúa padeciendo los efectos de la pobreza y la falta de control territorial. Voces de la sociedad civil, como la de André Joseph, un vendedor ambulante desplazado por la violencia de las pandillas, manifiestan un sentimiento de alivio ante el cambio de mando, con la esperanza de que el país tome finalmente un rumbo diferente.
Este desenlace político, impulsado por la presión externa y la ausencia de resultados tangibles, sitúa a Haití en uno de los capítulos más complejos y determinantes de su historia contemporánea.
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