La provincia argentina de Chubut atraviesa una de las etapas más críticas de su historia ambiental. Tras cumplirse un mes de incendios forestales persistentes, las llamas han devorado más de 50.000 hectáreas compuestas por matorrales, pastizales y bosques nativos. Pese a que se registraron algunas lluvias aisladas, el escenario general se mantiene en un estado de alerta máxima, agravado por un pronóstico meteorológico que no ofrece esperanzas de una tregua definitiva en el corto plazo.
El origen de esta emergencia se remonta al 5 de enero de 2026 en la zona de El Hoyo, coincidiendo con el punto más alto de la temporada de turismo en la región. Apenas 24 horas después del inicio del fuego, el mandatario provincial, Ignacio Torres, ratificó que existían indicios de intencionalidad en el origen de los focos, momento para el cual ya se contabilizaban 1.800 hectáreas afectadas.
Cronología del avance de las llamas
Durante la segunda semana de enero, el incendio mostró su faceta más agresiva. El 9 de enero, el frente de fuego avanzó 30 kilómetros en menos de un día, destruyendo 4.000 hectáreas adicionales y amenazando zonas residenciales. Para el 10 de enero, el reporte oficial indicaba 5.200 hectáreas calcinadas, obligando a la evacuación preventiva de El Pedregoso ante los rebrotes en el cerro Pirque. La progresión continuó sin freno, alcanzando las 14.000 hectáreas el 12 de enero.
Debido a la magnitud del desastre, el 13 de enero se decretó el estado de catástrofe ígnea en Epuyén. Esta declaración de emergencia se extendió posteriormente hacia Cholila y el emblemático Parque Nacional Los Alerces. El cierre de enero fue particularmente complejo con la reactivación de incendios en sectores como el cerro La Momia y Cañadón El Blanco.
Ante la gravedad de la situación, el Gobierno nacional intervino el 30 de enero mediante un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) para declarar la emergencia ígnea en Chubut, así como en las provincias de Neuquén, Río Negro, La Pampa y Santa Cruz. Para el 3 de febrero, las autoridades provinciales confirmaron que el daño ya abarcaba 45.000 hectáreas, marcando un hito trágico para la región patagónica.

Impacto social y ambiental en la región
El costo humano de la catástrofe ha sido devastador. Se ha confirmado la destrucción total de 47 viviendas, dejando a numerosas familias sin ninguna pertenencia. La localidad de Epuyén destaca como una de las zonas con mayor perjuicio ecológico, habiendo perdido aproximadamente el 75% de su superficie de bosque nativo, un impacto que los especialistas consideran difícil de reparar en el corto plazo.
Como medida paliativa, el Ejecutivo chubutense ha puesto en marcha la construcción de 70 casas con tecnología ignífuga en El Hoyo y Epuyén para asistir a los damnificados. Mientras tanto, un contingente de más de 500 especialistas continúa trabajando incansablemente para contener los focos que aún permanecen activos en la zona cordillerana.

La vigilancia en la Cordillera de Chubut es absoluta. Si bien «las recientes lluvias trajeron un alivio momentáneo, no lograron frenar el avance del fuego», según reportes oficiales del comando de emergencia. Esta situación mantiene bajo riesgo ecosistemas invaluables y puntos clave para el turismo regional. Las autoridades han enfatizado que las condiciones climáticas de las próximas jornadas serán vitales para el éxito de los equipos desplegados.

Operativos de combate y logística especializada
El Parque Nacional Los Alerces se mantiene en el máximo nivel de alerta. El plan de acción contempla el relevo estratégico de 150 brigadistas semanalmente, integrando personal técnico, maquinaria pesada y soporte aéreo. La estrategia debe ser sumamente flexible debido a la inestabilidad del clima, priorizando siempre la integridad física del personal y la defensa de la infraestructura comunitaria.
Informes del Gobierno de Chubut revelaron que las lluvias recientes en el área cordillerana apenas alcanzaron los 8 milímetros, un volumen que resulta insuficiente para mitigar el fuego de manera efectiva. El parte meteorológico advierte sobre la llegada de vientos fuertes, escasa humedad y temperaturas en ascenso, factores que propician un comportamiento extremo de las llamas y generan preocupación por el riesgo de nuevos focos simultáneos.
El contingente de 500 brigadistas y combatientes cuenta con el respaldo de aviones hidrantes, aviones anfibios, helicópteros equipados con helibalde, camiones cisterna, motoniveladoras y autobombas. Las tareas más intensas se concentran actualmente en Primera Cantera (Puerto Patriada) y en el eje Villa Lago Rivadavia – Lago Rivadavia.

En el Parque Nacional Los Alerces, el despliegue se ha movilizado hacia puntos críticos como Lago Hito – Lago Menéndez, Punta Mattos – Bahía Rosales y Bahía Toro – Brazo Norte Lago Futalaufquen. Durante las últimas jornadas, se registraron temperaturas máximas de 20 °C (68 °F) y una humedad mínima del 45%, condiciones que obstaculizaron cualquier retroceso sustancial del incendio.
A pesar de que las precipitaciones previas sumaron apenas 5 milímetros en el parque —un alivio temporal que solo redujo mínimamente el potencial de avance— el Comando Unificado mantiene una postura de
“combate sostenido”
en los sectores norte y centro. Actualmente, se realizan patrullajes preventivos en zonas habitadas como Pinar de Geréz y Cañadón de Eco Aldea, además de trabajos de enfriamiento y refuerzo de líneas cortafuegos en Piedras Bayas, Pampa de Sarsa, Villarino y Goya.

Finalmente, en el sector de Puerto Patriada, las labores de los brigadistas se dividen entre El Retamal y el sector denominado “Tinelli”. Allí, los equipos enfrentan temperaturas de 19 °C (66 °F) y ráfagas de viento del oeste, lo que obliga a mantener un monitoreo constante para evitar rebrotes que pongan en riesgo el perímetro ya consolidado.
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